La retribución de los trabajadores es un tema de rabiosa actualidad, pero ¿se puede decir que España tiene salarios bajos? Si se revisan los datos sobre retribución, el salario medio en 2021 fue de 1.751 euros mensuales, un nivel que no es bajo y que está acorde a lo que puede sostener la economía. ¿Y si se compara con ratios salariales de los países de la Unión Europea? En este caso, España tiene la tercera relación más alta entre el salario medio y el PIB por habitante. El 82,6% de nuestro país solo es superado por el 84% de Alemania y el 82,9% de Italia.



Los últimos tiempos han estado marcados por las subidas del salario mínimo interprofesional (SMI), el reciente acuerdo en la Unión Europea (UE) para su homogeneización, la inflación, la necesidad de atraer y retener talento o la ruptura de las negociaciones para el Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC). Todos estos acontecimientos confirman que el debate salarial está en el aire y no parece que vaya a desaparecer en el breve plazo.

A ello se añade que más de la mitad de los empleados se siente actualmente desmotivado en su puesto de trabajo, y el 62% considera que su sueldo no se ajusta al desempeño que realiza. Y esto en un contexto marcado por miles de puestos de trabajo vacantes por su escaso atractivo salarial.

Según datos de Adecco Group Institute, la posición del salario medio español con relación al PIB per cápita es superior, por ejemplo, a la de Francia (80,4%), Dinamarca (72,3%), Holanda (70,4%), Polonia (66,4%), Portugal (64,6%) y Suecia (61,8%), además de otros 18 países. Las dos relaciones más bajas corresponden a Luxemburgo (36,7%) e Irlanda (41,7%).

El informe utiliza datos medios anuales y se basa en el concepto salario ordinario bruto, que incluye los pagos de regularidad mensual antes de computarse las deducciones y retenciones correspondientes, pero no incluye los pagos no regulares (pagas extraordinarias, horas extras, atrasos, indemnizaciones, etc.).

Un salario, cualquiera sea su nivel, es una compensación por un trabajo realizado. Por eso, deben guardar una cierta correspondencia con el valor de la producción que ese trabajo contribuye a realizar.

Es precisamente la evolución de la productividad lo que permite generar dudas acerca de la sostenibilidad de los actuales niveles salariales en España: entre 2016 y 2021, nuestro país es el que exhibe la peor dinámica de esta variable.

Datos de retribución, ¿y la productividad?

El salario medio español, como proporción de la productividad media, es el sexto más alto de la Unión Europea. Mientras que en nuestro país el salario medio equivale al 34,9% de la productividad (entendida como PIB por persona ocupada), en Francia es el 34%, en Finlandia del 33,1% y en Suecia del 30,4%, por mencionar solo unos pocos ejemplos.

Los únicos cinco países que presentan una proporción más alta que la española son Alemania (45,3%), Holanda (39,1%), Dinamarca, Austria (37,8% en ambos casos) e Italia (35,2%).

Los casos opuestos, con las relaciones más bajas, son Irlanda (19,4%) y Estonia (26,3%). En general, los países con las proporciones más reducidas tienden a ser aquellos donde la productividad crece más rápido. Así, aunque los salarios crezcan, al hacerlo la producción por ocupado mucho más deprisa, la relación analizada cae.

En los últimos 10 años, se observa una brecha entre el crecimiento de los salarios y el crecimiento de la productividad en los países de la Unión Europea. El crecimiento salarial sostenible durante largos períodos solo es posible cuando hay un crecimiento significativo de la productividad.

Entre 2009 y 2019, la productividad laboral (+12,3%) aumentó más rápidamente que los salarios reales (+8,4%). En general, la desvinculación de los salarios de la productividad laboral explica por qué la participación del trabajo en la renta (la participación de la compensación laboral en el PIB) en muchos países sigue siendo sustancialmente inferior a la de la década de 1990.

Un tercio de los 27 países de la Unión muestran un descenso de la productividad en el último lustro. Entre ellos, España presenta el dato más desfavorable, con una caída acumulada de un 4,8%.

Un descenso de la productividad significa que, para alcanzar un mismo nivel de producción, hacen falta más ocupados. O, alternativamente, que una misma plantilla produce menos que antes. Se trata de un contexto opuesto al necesario para permitir un incremento sostenible de salarios: cualquier incremento de estos, al no estar respaldado con una mayor producción, debería hacerse a costa de reducir los márgenes comerciales.

Esto último, a su vez, implica menor capacidad de inversión, lo que dificulta la recuperación de la productividad, configurándose de esa forma una suerte de círculo vicioso. En términos más simples: sin un incremento de la productividad, los aumentos de salarios son insostenibles.

¿Subir el salario mínimo?

El análisis del salario mínimo desde diferentes ángulos refuerza el punto anterior: es difícil justificar ulteriores subidas de las remuneraciones si previamente no se recuperan los niveles de productividad perdidos.

En primer lugar, en ningún país de la Unión Europea el salario mínimo es igual o mayor al 60% del salario medio. Solo en cinco países de la UE el salario mínimo supera el 50% del salario medio.

Con el incremento a 1.000 euros, España se reafirmó como el segundo país en el que el salario mínimo legal es mayor en proporción al salario medio, con un 57,1%. Solo Eslovenia supera a nuestro país (58,8%).

En rigor, la situación es aún más desfavorable, pues los datos de Eurostat excluyen al sector primario y al servicio doméstico, que tienen salarios promedios inferiores a la media. Su inclusión, por lo tanto, haría que la relación entre salario mínimo y salario medio fuese aún mayor.

La productividad varía ampliamente entre los distintos sectores económicos y tamaños de empresas. Eso justifica que el salario medio difiera de manera sustancial en los distintos segmentos de la economía. De ahí que un mismo salario mínimo no conlleve la misma carga en todos los sectores y empresas y resulta más gravoso allí donde el salario medio es más bajo.

Por ejemplo, mientras el salario mínimo equivale al 50,7% de la remuneración media del sector industrial, alcanza al 58,8% cuando se lo compara con el salario medio de la Construcción. Del mismo modo, el salario mínimo de 1.000 euros supone el 48,3% del salario promedio de las empresas con 200 o más trabajadores, pero llega al 68,1% de la remuneración promedio de las pequeñas empresas (aquellas con menos de 50 trabajadores).

Por otra parte, como la estructura económica es diferente en las distintas comunidades autónomas, también difieren sus respectivos niveles de productividad. Em la Comunidad de Madrid y el País Vasco, el salario mínimo de 1.000 euros equivale a menos del 50% de sus respectivas remuneraciones medias. En cambio, en el extremo contrario, en Canarias y Extremadura, esa relación es de más del 70%. Por su parte, en la Región de Murcia, Andalucía y Castilla-La Mancha la misma ronda el 65%.

En estas cinco regiones, en las cuales el salario mínimo es de cerca del 65% o más del salario medio, trabajan 6,1 millones de personas, el 30% del total.

Solo hay cinco comunidades autónomas donde el salario mínimo equivale a menos del 60% de la remuneración media (Madrid, el País Vasco, Navarra, Cataluña y Asturias).

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