Por ILIER NAVARRO

En Estados Unidos se ha producido un fenómeno al que se ha denominado “great resignation” y que no resulta fácil de comprender en otros países como España, debido probablemente a las enormes diferencias que hay entre los mercados laborales de ambos países. ¿Cuáles son las claves de “la gran renuncia”?



En ese país, cada mes se registran un enorme volumen de renuncias de trabajadores que han decidido dejar su empresa actual. Se trata de millones de bajas voluntarias de profesionales y empleados que o bien quieren emprender su propio proyecto empresarial o bien desean buscar mejores condiciones laborales en otra empresa o sector.

Los datos de bajas voluntarias en una de las potencias mundiales han marcado récords históricos. En noviembre pasado, el Departamento de Trabajo (DoL, por sus siglas en inglés) registró la renuncia de 4,5 millones de trabajadores, cifra algo superior a la de octubre, cuando hubo 4,2 millones de empleados que dijeron adiós a sus empleadores. Con todo, estos datos son anteriores a que la variante Ómicron se expandiera por Estados Unidos, por lo que se desconocen sus efectos.

Adicionalmente, hay numerosos puestos de trabajo sin cubrir: las empresas publicaron 10,6 millones de puestos vacantes en noviembre, algo menos que en octubre alcanzaron la cifra de 11,1 millones, marcando hitos históricos en la serie. Y las contrataciones ascendieron a 6,7 y 6,5 millones de trabajadores en noviembre y octubre, respectivamente.

Esta alta rotación se da en un mercado en el que la población ocupada ronda los 154 millones de trabajadores y en el que la tasa media de abandono es del 3%. También hay que recordar que Estados Unidos roza el pleno empleo.

Claves de “la gran renuncia”: los sectores más afectados

Una de las claves de “la gran renuncia” es que es un fenómeno que afecta a todos los sectores productivos. Sin embargo, hay algunos en los que la incidencia es significativamente mayor. Sus tasas de abandono duplican esa media del 3% y se caracterizan por la precariedad, salarios sensiblemente bajos, con escasa protección social. También aquellos que tienen un elevado nivel de exigencia.

En este caso, es representativa la tasa de abandono de sectores como el hotelero, restauración, comercio minorista, distribución y servicios de asistencia personal.

Claves de “la gran renuncia”: el mercado laboral estadounidense

También hay factores que son característicos del mercado laboral estadounidense. Por una parte, está el salario mínimo, que es de 7,25 dólares por hora y que no ha experimentado ningún ajuste al alza desde hace más de diez años. Esto hace que muchas personas deban compaginar dos o tres empleos para intentar subsistir y, aún así, lo hacen con dificultades.

La situación es muy distinta, tal como señala Vicente Castelló, Profesor Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local, en esta tribuna de Cinco Días. Castelló destaca que un tercio de los trabajadores no puede irse de vacaciones y quienes lo hacen, solo tienen derecho a 15 días. Tampoco hay baja por maternidad ni sanidad pública de acceso universal, aunque las empresas contratar planes de salud privados para sus trabajadores. Y los sindicatos apenas tienen presencia en los sectores productivos con peores condiciones.


Los trabajadores parecen haber dicho no a las malas condiciones y han preferido «jugársela» a buscar nuevos horizontes profesionales. ¿Y las empresas? ¿Qué conclusión sacarán de este fenómeno?


¿Por qué se da “la gran renuncia”

No cabe duda de que la pandemia también ha influido. No es de extrañar: la Covid-19 lo ha trastocado todo, especialmente el mercado laboral y las rutinas del trabajo diario. Quienes han podido teletrabajar, han seguido desempeñando sus funciones durante los diferentes confinamientos, con las dificultades propias de compaginar el trabajo con la convivencia 24/7 con familiares e hijos, con los requerimientos de las clases escolares online y con las obligaciones propias del hogar.

Peor lo han tenido quienes se han visto afectados por los ERTE, en muchos casos con dificultades para cobrar la prestación.

Es probable que este vuelco generado por la Covid-19 haya creado un momento de revisión, de reflexión vital para muchas personas sobre cómo quieren vivir su vida, también en el ámbito profesional, al que destinan gran parte de su día a día. Las condiciones del mercado laboral también deben haber influido en esta revisión que han realizado muchos trabajadores que se han planteado dejar su trabajo y, finalmente, lo han hecho.

Sobre las causas, Castelló recuerda la teoría del académico a quien se le atribuye la denominación de “gran renuncia”. El psicólogo organizaciones Anthony Klotz hace referencia a una epifanía pandémica, es decir, la toma de conciencia por parte de las personas de que se necesita un cambio. Y este se produce de un momento para otro.

También hay que tener en cuenta los efectos en la cultura empresarial. El cambio continuo, la adaptación a cada momento y fase de la pandemia, a los contagios producidos por nuevas variantes, crean un entorno que se define y redefine en el corto plazo. El teletrabajo sin un plan de comunicación interna adecuado, sumado a la incertidumbre reinante, han contribuido a que las relaciones humanas que se consolidan en el trabajo diario se hayan diluido, al igual que el compromiso de los trabajadores con las organizaciones. El estrés y el cansancio también han causado mella.

Por una parte, los trabajadores parecen haber dicho no a los trabajos mal remunerados, precarios e incompatibles con la vida personal. A veces, cuando las condiciones son tan negativas y los beneficios tan escasos, cuesta menos dejarlo todo y probar suerte en otro lugar. Por otra, los profesionales más cualificados también se han sumado a rechazar los trabajos que no generan bienestar y que les someten a enormes dosis de presión.

La enorme flexibilidad del mercado laboral estadounidense, con consecuencias tan crudas por momentos, también facilita que los trabajadores encuentren trabajo rápidamente.

Las crisis son momentos de cambio y pueden ser una buena oportunidad para reflexionar y evolucionar. Los trabajadores parecen haber dicho no a las malas condiciones y han preferido jugársela a buscar nuevos horizontes profesionales. ¿Y las empresas? ¿Qué conclusiones sacarán de este fenómeno?

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